Casi un año después del 28A: la gran pregunta ya no es qué pasó, sino qué sigue sin resolverse

Han pasado casi once meses desde el apagón del 28 de abril de 2025. A estas alturas, ya no basta con hablar de emergencia, prudencia operativa o medidas provisionales.

La pregunta incómoda que toca hacerse es: después de casi un año, ¿hemos corregido de verdad las causas de fondo o simplemente hemos aprendido a convivir mejor con las vulnerabilidades del sistema?

El 28A no fue un fallo aislado, sino una cadena de debilidades interconectadas.

Según el Informe Final del Expert Panel de ENTSO-E (20 de marzo de 2026), el colapso se produjo por una combinación de factores: oscilaciones (locales alrededor de 0,63 Hz e interáreas de 0,2 Hz), lagunas en el control de tensión y potencia reactiva, diferencias en las prácticas de regulación de tensión, reducciones rápidas de potencia activa y desconexiones en cascada de generadores (principalmente en España). Todo ello derivó en un aumento rápido e incontrolado de la tensión que terminó rompiendo la estabilidad del sistema.

Esto cambia radicalmente la lectura del incidente. No hablamos de una avería puntual ni de un único disparo fácil de corregir. Hablamos de un sistema que, en condiciones críticas, mostró limitaciones simultáneas en control dinámico, respuesta reactiva, supervisión y comportamiento conjunto de la generación conectada.

Por eso el 28A no pueden explicarlo con una sola causa. No fue solo mala suerte, ni un exceso de renovables mal gestionado, ni un error operativo aislado. El informe es claro: el problema no son tanto las las energías renovables, sino el control de tensión necesario para garantizar su calidad, independientemente del tipo de generación. Lo que se evidenció es que la red ya operaba con menos inercia síncrona y mayor presencia de electrónica de potencia, mientras que los procedimientos, protecciones, consignas y sistemas de control no se habían adaptado plenamente a esa nueva realidad.

Lo que se ha hecho desde entonces: contención, vigilancia y medidas temporales

Sería injusto decir que no se ha hecho nada. Desde el apagón se han tomado medidas de contención, operacion reforzada la llamaron, y se han introducido cambios urgentes en la operación, se ha reforzado la vigilancia y se han mantenido actuaciones para limitar variaciones bruscas de tensión. Además, los datos publicados sugieren una mejora en algunos episodios observados meses después del 28A.

Ahora bien, ese es el punto clave: que ciertos indicadores hayan mejorado no significa, por sí solo, que las causas de fondo estén resueltas.

Dicho de otro modo, el sistema ha respondido algo mejor, sí, pero aún no está claro cuánto de esa mejora obedece a medidas estructurales y cuánto a un contexto más favorable, con menos aporte solar, otra climatología y un consumo de invierno más elevado.

El problema ya no parece ser tanto la sobretensión sostenida como su variabilidad

El riesgo no parece estar tanto en una sobretensión sostenida, sino en la aparición de cambios rápidos de tensión. Ese tipo de comportamiento exige mucho más al sistema. Puede convivirse con determinados niveles de tensión si hay margen, capacidad de control y recursos suficientes para corregir desviaciones. El problema surge cuando la tensión cambia con rapidez y los recursos disponibles no responden con la velocidad, coordinación o eficacia necesarias.

Este punto es importante porque obliga a replantear el enfoque. Si el problema está en las sobretensiones sostenida y en rampas rápidas de tensión, no basta con aplicar los mismos criterios de operación ni mantener esquemas de control diseñados para un sistema con más generación síncrona, más inercia y menor peso de la generación renovable basada en electrónica de potencia. Hace falta capacidad real de respuesta dinámica, control de tensión efectivo e instalaciones capaces de seguir consignas en tiempo real. A eso hay que añadir redes más robustas, protecciones mejor ajustadas para evitar disparos innecesarios, capacidad de reconexión y una gestión más eficaz de las variaciones de tensión.

El verdadero cuello de botella: el control dinámico llega, pero llega con un despliegue muy limitado

La solución estructural que más se repite en todo este proceso tiene nombre claro: control dinámico de tensión.

El problema es que esa solución no se despliega de un día para otro. Requiere habilitaciones, pruebas, adaptación técnica, inversiones y tiempo. Y precisamente ahí es donde aparece la mayor inquietud: casi un año después del 28A, el nuevo esquema seguía avanzando, pero a un ritmo que no invita precisamente a la tranquilidad.

Lo preocupante no es solo que el sistema haya tardado. Lo preocupante es el calendario. La herramienta más relevante para reforzar la respuesta dinámica entra en juego justo antes del tramo delicado de primavera. Eso significa que el sistema llega al examen todavía calentando, no con meses de consolidación real.

Dicho claro: la solución estructural existe sobre el papel, pero no con un despliegue efectivo sino muy limitado y sigue llegando demasiado cerca del momento en que más se la va a necesitar.

Abril de 2026 será una prueba técnica, no solo un cambio de estación

Por eso abril de 2026 tiene tanta importancia. No porque tenga que repetirse automáticamente otro apagón como el del 28A, sino porque vuelve a reunir una combinación incómoda: menor demanda, mayor producción solar y un sistema todavía adaptándose a nuevas exigencias de control.

Ahí es donde veremos si lo hecho en estos meses ya aguanta por sí solo o si todavía dependemos demasiado de medidas de contención: modo reforzado, restricciones, control de rampas, redespachos y una vigilancia fuera de lo normal.

Y, sinceramente, nadie espera que se repita exactamente lo mismo que el 28A. Pero tampoco es serio decir que el problema ya está completamente resuelto. Lo más probable, a mi juicio, es otra cosa: un sistema más forzado, más vigilado y más dependiente de maniobras preventivas para evitar que ciertas condiciones vuelvan a empujarlo hacia una situación peligrosa.

Eso no sería un fracaso absoluto. Pero tampoco sería una señal de normalidad plena. Sería la confirmación de que seguimos en una fase de contención, no de resolución completa.

No basta con decir demasiadas renovables y hay que recortarlas

Aquí conviene poner un poco de orden, porque en estos debates se busca demasiado deprisa un culpable.

No me convence la explicación fácil de que todo se reduce a que hay demasiada renovable. El problema no es solo cuánta solar o cuánta eólica hay en el sistema. La cuestión de fondo es otra: si las reglas con las que opera la red, la forma en que responden las plantas y la capacidad de control y vigilancia del sistema han cambiado al mismo ritmo que ha cambiado la generación.

Ese es el punto clave.

Un sistema no cambia de verdad solo por meter nuevas tecnologías. Cambia cuando también adapta sus protecciones, su forma de corregir desvíos, sus criterios de operación y su capacidad para detectar problemas a tiempo. Cuando eso no ocurre, el problema no es la tecnología en sí, sino que el conjunto no se ha preparado lo suficiente.

Y eso es lo que, casi un año después, sigue generando dudas: más o menos sabemos lo que habría que hacer, pero todavía no está claro que todo lo necesario se haya traducido ya en cambios reales y eficaces.

Cuando casi un año no basta, el problema ya es de fondo

Para mí, esa es la conclusión más dura y más honesta.

Si después de casi once meses seguimos hablando de medidas transitorias, refuerzos extraordinarios, actuaciones aún en marcha y dudas sobre si la primavera volverá a poner al sistema bajo presión, entonces ya no estamos ante una simple resaca operativa del 28A. Estamos ante un problema de fondo que sigue sin resolverse.

Y eso obliga a mirar más abajo y más lejos. No solo como un incidente del pasado, sino como la señal de que el sistema eléctrico necesita algo más que parches o correcciones puntuales: necesita terminar de adaptarse a unas condiciones de funcionamiento que ya no son las de antes.

Conclusión: la red ha ganado tiempo, pero todavía tiene que demostrar que ha aprendido

Yo no diría que las sobretensiones sigan exactamente igual que hace meses. Sería exagerado. El sistema ha mejorado, hay más vigilancia y se han aplicado medidas que parecen haber reducido parte del riesgo.

Pero tampoco diría que el problema esté ya resuelto.

Lo que veo es una red que ha ganado tiempo, una operación más controlada y unas mejoras que todavía tienen que demostrar que son suficientes. Casi un año después del 28A, eso no debería dejarnos tranquilos.

Abril de 2026 no será solo otro mes delicado. Será la prueba real de si hemos aprendido de verdad… o de si solo hemos aprendido a convivir con una fragilidad nueva.

Toni Carmona

Ingeniero Técnico Industrial con amplia experiencia como Responsable/Experto en Distribución Eléctrica. Especializado en gestión técnica, planificación de redes y Smart Grids. Interesado en divulgación técnica y en combinar conocimiento técnico y soft skills.

También te puede interesar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir