Medir No Es Solo Contar: El Arte de Tomar Datos

Hoy quiero tratar de algo fundamental: cómo tomar datos o, como decimos en nuestro gremio, realizar mediciones. Si nuestras decisiones se basan en analizar datos, lo primero es aprender a hacerlo correctamente. Por eso voy a hablaros de algo clave en la ingeniería: la importancia de medir bien, con precisión y exactitud. Y ojo, que no es lo mismo. Saber diferenciar entre ambas y usar siempre las mismas unidades es básico para no liarnos. Además, no basta con tomar datos porque sí; hay que referenciarlos, darles un contexto, y sobre todo, comprobar que las teorías funcionan con datos reales, que en papel todo lo aguanta y todo parece fácil, pero la práctica manda

Y aquí viene lo gordo: sin pensamiento crítico no hacemos nada. Hay que saber separar lo que vale de lo que no y, además, tener claro lo que necesita el cliente, porque al final trabajamos para ofrecer soluciones útiles, fiables y que encajen con lo que realmente nos piden.

Pero bueno, empecemos por el principio:

"Medir No Es Solo Contar: El Arte de Tomar Datos"
o
"Cómo Convertimos Datos en Soluciones"

Vamos paso a paso, con ejemplos sencillos. Que para complicarnos, ya habrá tiempo.

PASO 1: ¿Qué vamos a medir y por qué?

Lo primero es de cajón: saber qué queremos medir, para qué, y cómo lo haremos.

PASO 2: Usa siempre las mismas unidades

Os pongo un ejemplo:

  • Caminé 3 kilómetros.
  • Caminé 2 millas.
  • Caminé 3.141 metros.

Si queremos comparar datos, necesitamos que estén en las mismas unidades. Si no, ¡es un lío!

Pero aquí entra algo más: aunque parecen medidas distintas, en realidad son la misma distancia, pero redondeadas de manera diferente.

  • El redondeo es inevitable: todos lo hacemos. Lo importante es ser consistente y aplicar siempre el mismo criterio.
  • Lo que variaría es la precisión: decir "3.141 metros" es más preciso que decir "3 kilómetros," que es más aproximado.

Pero ojo, no debemos confundir precisión con exactitud, ya que, aunque parecen similares, en ingeniería no significan lo mismo. La exactitud se refiere a qué tan cerca está un resultado del valor verdadero, como si lanzaras una pelota y esta cayera en el centro de un blanco. Por otro lado, la precisión es la consistencia de los resultados, como cuando siempre lanzas la pelota al mismo lugar, aunque ese lugar no sea el centro.

La diferencia es que puedes ser preciso sin ser exacto (siempre lanzas lejos del centro, pero al mismo lugar) o exacto sin ser muy preciso (a veces le das al centro, pero otras no).

Te lo explico con un ejemplo sencillo: imagina que tienes un termómetro para medir la temperatura de un lugar.

  • Exactitud: Si el termómetro dice que hay 25°C y la temperatura real es 25°C, entonces es exacto. Pero si siempre marca mal, como 27°C en lugar de 25°C, no es exacto.
  • Precisión: Si tomas varias medidas seguidas y el termómetro siempre dice 27°C, aunque no sea el valor correcto, entonces es preciso porque es consistente.

En la toma de datos, necesitamos herramientas que sean exactas (nos den el valor real) y precisas (nos den valores consistentes). Así confiamos en los datos que usamos para resolver problemas.

PASO 3: Referencia tus medidas

Las medidas sueltas no nos dicen mucho. Por ejemplo:

  • "Caminé 3 kilómetros."
    ¿Y qué? No sé cuándo, cómo ni en cuánto tiempo.

Reformulemos:

  • "Caminé 3 kilómetros en 1 hora."

Con esta información ya puedo calcular cosas:

  • Si caminas 1 kilómetro cada 20 minutos, ¿Cuántos kilómetros caminarás en 3 horas (180 minutos)?
    Respuesta teórica: 9 kilómetros.

PASO 4: Verifica la teoría

Pero... ¡espera! Esa respuesta es teórica. En la práctica, las cosas pueden ser distintas.

Imaginemos que sales a caminar y después de 3 horas has hecho solo 7 kilómetros. ¿Por qué falló la estimación?

  • Causas externas: Puede que el terreno fuese más inclinado o que usaste un dispositivo diferente para medir.
  • Causas internas: La fatiga afecta el rendimiento.

Por eso es clave tomar medidas bajo las mismas condiciones para poder comparar. Y si las condiciones cambian (por ejemplo, si llueve), existen fórmulas para ajustar las mediciones. Pero eso ya es tema avanzado que dejaremos para otro día.

PASO 4: Pensamiento critico y Contenido digital

Ingeniero, ra: Persona que realiza estimaciones exactas basándose en datos no siempre fiables recopilados por personal de conocimiento cuestionable.

¡Qué definición más curiosa! Aunque algo exagerada, contiene un grano de verdad: el trabajo del ingeniero se apoya en datos, y muchas veces estos no los recogemos nosotros mismos.

Como ingeniero industrial, me enfrento a grandes volúmenes de información técnica, normativa y de mercado. En este contexto, el pensamiento crítico es una herramienta imprescindible para garantizar que las soluciones sean seguras, eficientes y adecuadas a la realidad.

El pensamiento crítico consiste en cuestionar y analizar la información que consumimos, especialmente en el entorno digital. Esto implica verificar datos, identificar tendencias y estar alerta frente a posibles manipulaciones que puedan sesgar nuestras decisiones.

Desarrollar esta habilidad es esencial para distinguir la información útil del ruido. Evaluar cuidadosamente la calidad de las fuentes y filtrar lo relevante es clave para separar lo importante de lo superfluo. Porque, si trabajamos "con datos no siempre fiables recopilados por personal de conocimiento cuestionable", más vale que aprendamos a identificar lo esencial y a dejar de lado lo innecesario.

Y para acabar, recuerda: El cliente siempre manda

Y aquí viene lo más importante: ¿estamos midiendo lo que nos han pedido?

Imaginemos que un fabricante de relojes smart watch quiere desarrollar una app de salud y nos pide datos. ¿Qué necesitaba realmente? Saber cuánto tiempo camina una persona al día.

Sin embargo, nosotros nos enfocamos en calcular distancias. ¡Estábamos midiendo algo que no era relevante! En ingeniería, y en la vida, siempre es fundamental entender con claridad qué necesita el cliente y para qué.

Dicho esto, como ingenieros, nuestro ADN nos impulsa a mejorar continuamente. ¿Y si aprovechamos la oportunidad para agregar valor? Podríamos medir, además del tiempo, la distancia recorrida, los pasos caminados o incluso las calorías quemadas. Y luego compartir estos datos con la comunidad podría fomentar una competencia sana, otorgar recompensas, reconocimiento y motivar a las personas a mejorar su salud. La clave está en escuchar las necesidades iniciales y, al mismo tiempo, innovar con propósito.

Y sí, sé que dirás que todo eso ya existe, pero quién sabe, seguro que pronto a alguien se le ocurrirá algo completamente nuevo que marque la diferencia.

Conclusión: Más Allá de los Números:


Medir no se trata solo de contar cifras, sino de comprender lo que representan, cómo se obtuvieron y para qué serán utilizadas. Como ingenieros, nuestro desafío no es solo recopilar datos, sino transformarlos en soluciones útiles y fiables. Esto requiere un enfoque crítico, rigor técnico y una constante adaptación a las circunstancias.

En definitiva, medir bien no es un fin en sí mismo, sino el primer paso hacia decisiones informadas que puedan marcar la diferencia en cualquier proyecto. Porque, al final, no se trata solo de números, sino del impacto que logramos con ellos.

O como diría mi abuelo: "Despacio, que tengo prisa"

Un clásico para recordarte que las cosas bien hechas llevan su tiempo.

¿Listos para empezar a medir bien? 😉

Toni Carmona

Ingeniero Técnico Industrial con amplia experiencia como Responsable/Experto en Distribución Eléctrica. Especializado en gestión técnica, planificación de redes y Smart Grids. Interesado en divulgación técnica y en combinar conocimiento técnico y soft skills.

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