Centros de datos: el problema no es solo la electricidad, también el calor y el agua

Los centros de datos consumen electricidad, generan calor y pueden gastar mucha agua para refrigerarse.
La sostenibilidad real exige analizar todo el ciclo.
Electricidad que entra, calor que sale
Cuando se habla de centros de datos, casi siempre se empieza por los megavatios eléctricos que piden a la red. Es lógico: sin potencia suficiente no hay servidores, nube, inteligencia artificial ni continuidad de servicio.
Pero el análisis no puede quedarse ahí.
En un centro de datos, casi toda la electricidad que entra acaba transformándose en calor. Los servidores procesan datos, pero físicamente funcionan como grandes cargas eléctricas que liberan calor de forma continua. Ese calor hay que sacarlo de las salas técnicas, porque si no se evacúa, los equipos fallan.
Por eso, la pregunta no debería ser solo:
¿Cuántos megavatios eléctricos consume?
También habría que preguntar:
¿Cuántos megavatios térmicos expulsa y cómo se evacuan?
El vínculo entre calor y agua
Aquí aparece el punto que muchas veces se explica mal: el consumo de agua no es un tema separado del calor. En muchos sistemas de refrigeración, el agua se usa precisamente para sacar ese calor al exterior.
Cuando un centro de datos utiliza torres de refrigeración, sistemas evaporativos o soluciones adiabáticas, parte del calor se elimina evaporando agua. Esa evaporación es útil desde el punto de vista térmico, porque permite enfriar con menos consumo eléctrico que otros sistemas puramente secos. Pero tiene una contrapartida clara: consume agua.
No es solo “usar agua”. Es convertir agua líquida en vapor para llevarse calor.
Además, en las torres hay concentración de sales, purgas, tratamiento químico, control de corrosión, biocidas y prevención de legionela. Por tanto, no estamos hablando de un detalle menor, sino de una infraestructura térmica con impacto hídrico y sanitario.
Dicho simple: si el calor se rechaza con evaporación, parte del problema eléctrico se convierte en problema de agua.
Aire, agua o electricidad: no hay refrigeración gratis
No todos los centros de datos consumen la misma agua. Algunos usan refrigeración por aire exterior, dry coolers o sistemas más secos. Otros utilizan agua porque en determinados climas y cargas térmicas puede ser más eficiente energéticamente.
Ahí está el equilibrio incómodo.
Un sistema seco puede reducir mucho el consumo de agua, pero normalmente exige más ventiladores, más superficie de intercambio o más electricidad en determinadas condiciones climáticas.
Un sistema evaporativo puede reducir consumo eléctrico de refrigeración, pero a costa de evaporar agua.
Y un sistema de refrigeración líquida directa al chip puede mejorar la captura del calor, pero necesita un diseño más sofisticado y no elimina automáticamente la necesidad de disipar o reutilizar esa energía térmica.
Por eso, hablar de sostenibilidad en centros de datos solo con el origen renovable de la electricidad es quedarse a medias. Hay que mirar electricidad, calor y agua en conjunto.
Recuperar calor también puede reducir presión sobre el agua
Aquí está la parte interesante: recuperar el calor residual no solo sirve para aprovechar energía. En algunos casos, también puede reducir la cantidad de calor que debe rechazarse al ambiente mediante torres o sistemas adiabáticos.
Si parte del calor del centro de datos se envía a una red de calefacción, a agua caliente sanitaria, a una piscina, a un hospital, a viviendas o a un uso industrial cercano, ese calor ya no tiene que disiparse íntegramente al aire exterior.
Menos calor a rechazar puede significar menos necesidad de evaporar agua, siempre que el sistema esté bien diseñado y exista una demanda térmica real.
Pero para eso hacen falta tres cosas: temperatura útil, demanda cercana y planificación desde el inicio.
Si el centro de datos está aislado en un polígono, lejos de viviendas, equipamientos públicos o redes de calor, recuperar calor será mucho más difícil. Harán falta tuberías, intercambiadores, bombas, servidumbres, permisos, contratos y mantenimiento.
Y si no hay demanda térmica estable, el calor acabará donde acaba demasiadas veces: en la atmósfera.
Ejemplos que demuestran que no es teoría
En Helsinki, Equinix y Helen reutilizan calor de centros de datos en redes de calefacción urbana desde hace años. No es solo una etiqueta verde: el calor se captura y se integra en una infraestructura térmica existente.
En Odense, Dinamarca, el calor residual del centro de datos de Meta se eleva mediante bombas de calor y se envía a la red urbana de calefacción. La clave no está solo en el centro de datos, sino en que existe una red capaz de recibir ese calor.
Ese es el matiz importante: la recuperación de calor funciona mejor donde hay ciudad, red térmica, demanda y operador energético. No basta con tener servidores calientes.
La Directiva Europea marca el camino
La Comisión Europea ya trata los centros de datos como infraestructuras con impacto energético, hídrico y climático. Además, la Directiva de Eficiencia Energética exige que los centros de datos de más de 1 MW consideren la utilización del calor residual u otras aplicaciones de recuperación, salvo que se demuestre que no es técnica o económicamente viable.
Esto convierte la recuperación de calor en una pregunta obligada, no en un adorno publicitario.
La pregunta correcta
Antes de llamar sostenible a un centro de datos, habría que responder:
¿Cuánta electricidad consume?
¿Cuánto calor expulsa?
¿Cómo se refrigera?
¿Cuánta agua consume para sacar ese calor?
¿Usa agua potable, regenerada o de otro origen?
¿Tiene torres de refrigeración?
¿Hay purgas y tratamiento químico?
¿Existe una red de calor cercana?
¿Se recupera parte del calor o se tira todo al ambiente?
Porque el problema no es solo enchufar servidores. Es decidir qué hacemos con la energía después de haberla convertido en calor.
Como diría mi abuelo: si gastas electricidad para calentar máquinas y luego gastas agua para tirar ese calor al aire, no me vendas sostenibilidad sin enseñarme antes los números.

Referencias:
Uptime Institute explica que los centros de datos usan agua para ayudar al rechazo de calor de los equipos IT; Nature recoge que el consumo directo de agua aparece en la refrigeración y que en algunos casos procede en buena parte de agua potable.
El informe 2024 de Lawrence Berkeley National Laboratory vincula expresamente valores altos de WUE con sistemas de chillers refrigerados por agua y uso significativo de torres de refrigeración; también señala que la refrigeración evaporativa sigue teniendo un papel relevante para disipar el calor interno de los equipos IT.
La base normativa europea encaja con este enfoque: la recomendación de la Comisión sobre el artículo 26 de la Directiva 2023/1791 dice que los centros de datos con entrada energética superior a 1 MW deben utilizar calor residual u otras aplicaciones de recuperación salvo inviabilidad técnica o económica.
Y los ejemplos reales ayudan a no dejarlo en teoría: Equinix y Helen reutilizan calor de centros de datos en Helsinki desde 2010, y en Odense el calor residual del centro de datos de Meta se redistribuye a la red urbana mediante bombas de calor.
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