Descarbonizar sí, pero no a cualquier precio: Europa necesita una política energética más equilibrada.

¿Crees que la política energética europea está priorizando demasiado la descarbonización y ha dejado en segundo plano otros factores igual de importantes, como la competitividad industrial, la seguridad energética y la autonomía estratégica?
Hace poco, el CEO de una importante empresa energética española planteaba en un medio de comunicación una reflexión muy interesante: si Europa debería reajustar su política energética incorporando, al mismo nivel que la descarbonización, otras prioridades como la seguridad de suministro, la autonomía estratégica y la competitividad industrial.
Personalmente, creo que el debate tiene bastante sentido. La transición energética no debería basarse únicamente en prohibiciones, restricciones o imposiciones regulatorias. Necesita una visión más pragmática, flexible y tecnológicamente neutral, capaz de combinar reducción de emisiones, seguridad de suministro y viabilidad económica.
Europa ha apostado con mucha fuerza por la electrificación como vía principal para descarbonizar la economía. Sin embargo, quizá convendría abrir más el abanico y considerar todas las soluciones energéticas disponibles: electricidad renovable, combustibles líquidos bajos en carbono, gas, biocombustibles, hidrógeno, captura de CO₂ y otras tecnologías que puedan contribuir de forma realista a la reducción de emisiones.
Si comparamos el modelo europeo con el de Estados Unidos, vemos una diferencia clara: mientras Europa tiende más a regular, limitar y prohibir, el modelo estadounidense parece apostar más por incentivar, facilitar inversiones y dejar mayor margen a empresas y ciudadanos para elegir cómo reducir sus emisiones.
La realidad es que el mundo sigue dependiendo mayoritariamente de los combustibles fósiles. Petróleo, gas y carbón todavía representan una parte muy elevada de la matriz energética global. Por tanto, plantear una sustitución rápida, forzada y sin alternativas plenamente maduras puede resultar poco realista y, además, generar tensiones económicas y sociales importantes.
También aparece una posible contradicción en la política europea: se limita o dificulta la exploración y producción de hidrocarburos dentro de Europa, mientras se sigue importando gas de otros países obtenido mediante técnicas que aquí se restringen o se rechazan. Al final, el consumo no desaparece; simplemente se desplaza la dependencia hacia terceros países.
Otro punto discutible es la eficacia climática global de la estrategia europea. Europa tiene un peso cada vez menor en las emisiones mundiales frente a otras grandes potencias industriales. Eso no significa que no deba actuar, pero sí obliga a preguntarse si puede asumir sola los mayores costes de la descarbonización mientras otros bloques continúan aumentando su consumo energético y sus emisiones.
Además, Europa ha acumulado varias dependencias estratégicas: energía exterior, fabricación industrial externa, seguridad militar apoyada en terceros países, materias primas críticas importadas y una limitada capacidad propia en determinadas tecnologías clave. Todo ello reduce su margen de maniobra en un contexto geopolítico cada vez más inestable.
El precio de la energía es otro factor decisivo. Si la industria europea paga la energía más cara que sus competidores internacionales, pierde competitividad. Y cuando la competitividad cae, el riesgo no es solo económico: también puede traducirse en desindustrialización, pérdida de empleo cualificado y mayor dependencia exterior.
En este contexto, conviene poner en valor el papel del refino y de las infraestructuras energéticas existentes. No se trata de defender el pasado por inercia, sino de reconocer que estas infraestructuras siguen siendo necesarias para garantizar el suministro, sostener sectores económicos esenciales y producir combustibles y productos energéticos que la economía todavía necesita.
Por eso, Europa debería reajustar su política energética incorporando tres prioridades al mismo nivel que la descarbonización: seguridad de suministro, autonomía estratégica y competitividad industrial. La reducción de emisiones debe seguir siendo un objetivo fundamental, pero no puede convertirse en el único criterio de decisión.
En definitiva, la transición energética debería hacerse con menos ideología y más ingeniería; con más análisis económico, más realismo tecnológico y más visión geopolítica. No basta con fijar calendarios ambiciosos si después esos objetivos dejan fuera de juego a sectores enteros de la economía europea.
La industria automovilística es un ejemplo evidente de esta tensión, se cierran fábricas en Europa y se abren en China. También lo es el desorden generado en algunos casos alrededor del autoconsumo, donde se prometieron retornos de inversión demasiado optimistas, como si todo fuera inmediato, sencillo y siempre rentable. Y no hablemos de arotérmia que se vende como si fuera el sumum de la transición, pero...
La transición energética es necesaria, sí. Pero para que sea sostenible de verdad, también debe ser industrialmente viable, socialmente asumible y técnicamente realista. Porque una transición que debilita la economía europea puede acabar siendo menos verde de lo que parece y mucho menos estratégica de lo que necesitamos.
Mi enfoque sería este:
descarbonización, seguridad de suministro, autonomía estratégica y competitividad industrial no deberían competir entre sí; deberían formar el cuadro de mando básico de cualquier decisión energética europea. Si una medida reduce emisiones pero encarece estructuralmente la energía, aumenta dependencias críticas o debilita la industria, no es una buena solución completa. Es una solución parcial.

Por eso la transición energética deberia de hacerse con menos ideología, más ingeniería, más análisis económico y más realismo geopolítico. No fijando unos calendarios y unos objetivos que van dejando KO a la economia europea, la industria automobilística es un ejemplo caro, el caos del retorno de inversiones de autoconsumo donde prometieron el oro y el moro tambien... etc... etc... etc...
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