Yo me voy, el alma no

“Yo me voy, señora mía; yo me voy, el alma no.”
— Lope de Vega, El perro del hortelano
Lope de Vega pone esta frase en boca de Teodoro, cuando se ve obligado a marcharse. Se va el cuerpo, se va la presencia… pero no lo que siente. El alma se queda.
Y fíjate tú qué curioso: escrita hace más de cuatro siglos y, sin embargo, podría estar firmada hoy mismo por cualquiera que haya cerrado una etapa profesional intensa.
Irte no significa desaparecer. Es un cambio de plano.
Significa seguir tu camino sin perder lo que eres.
Los cargos pasan.
Las empresas cambian.
Los proyectos se cierran.
Pero el alma —la tuya— va contigo.
Y si has trabajado con criterio, honestidad y responsabilidad,
de alguna manera… siempre se queda.
Irse no siempre es abandonar
En ingeniería —y en la vida— uno no siempre se va porque quiere.
A veces te vas porque ya has dado todo lo que podías dar.
O porque el contexto ha cambiado.
O porque seguir ahí significaría traicionarte un poco.
Y no pasa nada.
Irse no borra lo vivido.
No borra las decisiones difíciles, ni los errores que enseñaron más que los éxitos, ni las soluciones discretas que evitaron problemas mayores.
Eso es lo que yo llamo el alma profesional.
Y eso no se entrega con la tarjeta corporativa cuando devuelves el portátil.
El alma de los proyectos
Los proyectos también tienen alma, aunque no salga en ningún pliego.
Está en:
- El porqué de ciertas decisiones
- Las renuncias técnicas que nadie aplaude
- Los riesgos que se evitaron a tiempo
- Las discusiones incómodas que mejoraron el resultado final
Cuando un ingeniero se va, el proyecto sigue su curso.
Pero muchas veces el “por qué” se va con él.
Por eso documentar no es burocracia: es memoria. Es el mecanismo que convierte la experiencia en progreso. Sin registro, las “lecciones aprendidas” se quedan en anécdotas y se pierden cuando cambia el equipo, pasa el tiempo o se diluye la responsabilidad. Documentar fija el antes y el después: qué se intentó, con qué hipótesis, qué salió bien, qué falló, por qué falló y qué se hará distinto la próxima vez. Eso permite estandarizar lo que funciona, corregir desviaciones y evitar repetir errores caros. También permite comparar decisiones con resultados reales, no con recuerdos selectivos.
La mejora continua vive de evidencia: si no se escribe, no se mide; si no se mide, no se mejora. Por eso la documentación es memoria operativa: el punto donde la experiencia deja de ser individual y pasa a ser conocimiento reutilizable.
Y por eso escuchar a los veteranos no es nostalgia: es ingeniería preventiva.
Liderar sin estar
Hay un punto de la carrera profesional que a mí me parece precioso:
cuando ya no mandas,
cuando incluso ya no estás,
pero tu manera de pensar sigue flotando en el ambiente.
Cuando alguien dice:
“Esto mejor hacerlo así, que ya se hizo una vez y funcionó.”
Ahí entiendes de verdad la frase de Lope.
Yo me voy…
pero el alma no.
Eso es liderazgo sin cargo.
Eso es dejar huella sin hacer ruido.
Redes eléctricas, sistemas y personas
Las redes eléctricas son sistemas complejos, pero las organizaciones también lo son.
Puedes cambiar nodos, responsables, tecnologías…
pero si no respetas el conocimiento acumulado, el sistema se vuelve frágil.
Muchos fallos repetidos, muchos apagones evitables, muchos errores cíclicos tienen el mismo origen:
- Memoria técnica que se perdió
- Experiencia que no se escuchó
- Personas que se fueron sin relevo real
La tecnología avanza, sí.
Pero la ingeniería sin alma es solo cálculo.
Como escribió Lope de Vega hace siglos, y como seguimos comprobando hoy:
Yo me voy.
El alma no.

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