Un año después del 28A: ¿hemos solucionado el problema o solo hemos aprendido a convivir con él?

¿Y si mañana se repitieran las mismas condiciones que el 28 de abril?

Ha pasado poco más de un año desde el mayor apagón de la historia del sistema eléctrico español. Durante meses hemos leído informes, declaraciones, acusaciones cruzadas y titulares de todo tipo.

Pero la pregunta realmente importante no es quién tuvo la culpa.

La pregunta es mucho más útil:

¿Está hoy el sistema preparado para que no vuelva a ocurrir?

La respuesta corta sería:

  • está mejor preparado,
  • se han aplicado medidas de contención,
  • pero todavía no puede decirse que el problema esté completamente resuelto
  • ni siquiera encarrilado .

El problema,

Cuando ocurrió el apagón, mucha gente pensó que simplemente "faltó electricidad".

En realidad sucedió justo lo contrario.

  • Había energía suficiente.
  • Lo que falló fue la capacidad del sistema para mantener estable la red cuando empezaron a aparecer variaciones rápidas de tensión y una sucesión de desconexiones automáticas.
  • Una red eléctrica no solo necesita producir electricidad.
  • Necesita mantenerse continuamente en equilibrio.
  • Y ese equilibrio se perdió en cuestión de segundos.

Los distintos informes publicados durante este año coinciden en que no existió una única causa, sino una combinación de factores: oscilaciones eléctricas, sobretensiones que llevaron el sistema al limite, problemas de control de tensión, desconexiones masivas de generación y una respuesta insuficiente del sistema para contener el efecto dominó.

Un ejemplo cotidiano

Imagina una autopista de seis carriles.

  • No hay atasco.
  • Los coches circulan con normalidad.
  • De repente, varios vehículos empiezan a frenar de forma descoordinada.
  • Otros cambian de carril para esquivarlos.
  • Algunos conductores reaccionan demasiado rápido y otros demasiado tarde.
  • En pocos segundos, una carretera que estaba funcionando perfectamente termina completamente bloqueada.

No porque hubiera demasiados coches.

Sino porque el sistema dejó de ser estable.

Eso fue, salvando mucho las distancias, lo que ocurrió en la red eléctrica.

¿Qué ha cambiado en un año?

Sería injusto decir que no se ha hecho nada.

De hecho, durante estos meses se han tomado numerosas medidas operativas de contención  para reducir el riesgo,

Entre las más importantes destacan:

  • una operación mucho más conservadora del sistema;
  • mayor utilización de generación síncrona para ayudar al control de tensión;
  • nuevas reglas para que más instalaciones puedan participar en el control dinámico de tensión;
  • mayor vigilancia de las oscilaciones de la red;
  • procedimientos de operación reforzada cuando aparecen situaciones consideradas sensibles. ()

Todo ello hace que hoy la red sea más robusta que hace un año.

Pero también tiene un coste.

Operar con más margen de seguridad significa utilizar más recursos, mantener más generación de respaldo y aceptar una explotación menos eficiente económicamente.

Lo que todavía falta

Aquí aparece la diferencia entre una solución temporal y una solución estructural. La ISO 9001 lo deja claro, la contención es solo una medida provisional.

Las medidas adoptadas hasta ahora ayudan a contener el riesgo.

  • No necesariamente eliminan su origen.

Todavía quedan varios retos importantes:

  • desplegar de forma generalizada el control dinámico de tensión en las nuevas tecnologías de generación;
  • incorporar mucho más almacenamiento energético;
  • aumentar la capacidad de respuesta automática de la red;
  • mejorar la observabilidad del sistema en tiempo real;
  • reforzar las interconexiones internacionales;
  • terminar la adaptación normativa para que todas las tecnologías puedan contribuir a la estabilidad del sistema.

Son cambios que requieren dinero, regulación, seguridad juridica, pruebas y tiempo.

No se completan en unos meses, ni en un año,,,

El malentendido que conviene corregir

Quizá el mayor error que sigue repitiéndose

  • es pensar que el apagón demostró que las energías renovables son incompatibles con un sistema eléctrico seguro.

No es eso lo que dicen los análisis técnicos.

  • Tampoco demuestran que las renovables fueran inocentes por definición.

Lo que muestran es algo bastante más interesante.

  • El problema no fue solo que el sistema eléctrico cambiara muy deprisa, sino que lo hizo de forma territorialmente asimétrica, con mucha generación renovable basada en inversores y con una observabilidad insuficiente para anticipar todos sus efectos sobre la tensión.
  • Creo que la falta de observabilidad pudo traducirse en una programación del control de tensión que posteriormente resultó poco adecuada. En particular, ese día observé una asimetría entre la localización de la generación y la distribución territorial de los recursos de control de tensión. Según REE, estos recursos eran suficientes conforme a la normativa aplicable, aunque su reparto geográfico en mi opinión pudo no ser el más adecuado para las condiciones reales del sistema.
  • Cuando la tecnología de generación basada en electrónica y no grandes maquinas eléctricas, cambia más deprisa que la regulación, la observabilidad del sistema y los procedimientos de operación, el riesgo no aparece por la tecnología en sí, sino por la falta de adaptación del sistema que debe integrarla y controlarla.
  • El problema no era producir electricidad con una tecnología concreta sino que el sistema todavía no estaba completamente adaptado a gestionar ese nuevo escenario.

La primera lección aprendida

Después de un año, creo que la mejor conclusión es esta:

  • La red eléctrica española ha ganado tiempo.
  • Ha mejorado.
  • Es más vigilada.
  • Probablemente también es más segura.

Pero sigue en pleno proceso de adaptación.

Y esa es quizá la enseñanza más importante del 28A.

  • La ingeniería rara vez ofrece soluciones instantáneas.
  • Los grandes problemas no suelen resolverse con una única medida ni con un único responsable.
  • Se resuelven entendiendo el sistema, corrigiendo sus debilidades y aceptando que la transición energética no consiste solo en cambiar cómo generamos electricidad.
  • También exige transformar la forma en que la red la controla, la transporta y la mantiene estable.

Porque un sistema eléctrico moderno no se mide únicamente por la cantidad de energía que produce.

Se mide, sobre todo, por su capacidad para seguir funcionando cuando las cosas dejan de salir como estaban previstas.

Otra lección aprendida: no todos los problemas de la red son el mismo problema

Hay algo que ocurre con frecuencia después de cualquier incidente importante en ingeniería.

Se aprovecha para reabrir debates que ya existían.

Y eso no siempre ayuda a entender lo que ha pasado.

  • Tras el 28A han aparecido numerosas voces reclamando más inversiones en la red de transporte para aliviar la congestión de determinados nudos. Es una necesidad real. España tiene zonas donde la capacidad de evacuación está agotada y donde reforzar la red permitirá conectar nueva generación renovable y facilitar la electrificación.

Pero conviene no mezclar los debates.

  • La congestión de un nudo significa que la infraestructura disponible no permite transportar toda la energía que se quiere inyectar o consumir en esa zona. Es un problema de capacidad de transporte y de planificación de la red.

El 28A fue otra cosa.

  • El apagón estuvo relacionado con la estabilidad del sistema eléctrico ante una sucesión de perturbaciones, con el control de tensión, las oscilaciones electromecánicas y la respuesta dinámica de la generación y de las protecciones. Son fenómenos distintos, aunque ambos ocurran en la misma red eléctrica.
  • Construir una nueva línea donde existe congestión puede ser una decisión acertada por muchos motivos: facilitar la integración de renovables, reducir restricciones técnicas o mejorar el desarrollo industrial de una región.
  • Pero no debe venderse como si esa actuación, por sí sola, evitara un apagón como el del 28A.

La ingeniería exige identificar correctamente el problema antes de proponer la solución.

  • Porque cuando se confunden las causas, se corre el riesgo de invertir mucho dinero... resolviendo un problema diferente.

De hecho, esta idea refleja un principio clásico de la ingeniería: no toda inversión en la red mejora todos los aspectos de la red. Hay inversiones para aumentar capacidad, otras para mejorar la resiliencia, otras para incrementar la estabilidad dinámica y otras para mejorar la calidad del suministro. El 28A puso el foco, sobre todo, en estas últimas, no en la lista de nudos con capacidad saturada.

Lección aprendida 3: una red eléctrica tiene muchos problemas posibles, y cada uno necesita una solución distinta

Después de un incidente de gran impacto es normal que se abran debates sobre el futuro de la red eléctrica.

También es habitual que se aproveche la atención mediática para impulsar inversiones o cambios que ya estaban sobre la mesa.

El problema aparece cuando se mezclan cuestiones distintas.

Un ejemplo claro es la congestión de determinados nudos de la red de transporte.

  • Es cierto que existen zonas donde nos dicen que presuntamente la capacidad está agotada, donde nos dicen que no pueden conectarse nuevos proyectos o donde son necesarias nuevas infraestructuras.
  • Resolver esa "congestión" es importante para integrar más generación renovable, facilitar la electrificación y permitir el desarrollo industrial.

Pero ese no fue el problema del 28A.

El apagón no se produjo porque hubiera una línea saturada o porque faltaran infraestructuras de transporte en un determinado nudo.

Los análisis técnicos apuntan a un problema de estabilidad del sistema: control de tensión, falta de respuesta dinámica de la generación, oscilaciones, sobretensiones, rampas y actuación de las protecciones. Es decir, un fenómeno completamente distinto al de la congestión de la red.

Esto no significa que no haya que seguir invirtiendo en nuevas líneas o subestaciones.

Significa que esas inversiones responden a otros objetivos y no deben presentarse como la solución al problema que puso de manifiesto el 28A.

Quizá esta sea una de las lecciones más importantes para cualquier ingeniero: antes de proponer una solución, hay que asegurarse de que se ha identificado correctamente el problema y que la solución apunta al mismo.

Porque una buena solución aplicada al problema equivocado sigue siendo, en el fondo, una mala solución.

Creo que este mensaje transmite una idea muy propia de la ingeniería: **el diagnóstico es tan importante como la solución**.

Una red eléctrica puede tener problemas de capacidad, de estabilidad, de resiliencia, de calidad de suministro o de protección.

Todos requieren inversiones, pero no las mismas.

El 28A nos recordó precisamente que confundir esos planos conduce a decisiones y debates menos útiles.

Toni Carmona

Ingeniero Técnico Industrial con amplia experiencia en Distribución Eléctrica, Planificación de Red, Smart Grids y Gestión de Proyectos. Escribo sobre energía, ingeniería, liderazgo y divulgación técnica desde la experiencia profesional.

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