Cuando descubrí que era un “dinosaurio”

Hoy os quiero compartir mi experiencia al descubrir que también formaba parte de un colectivo discriminado: el de los “dinosaurios”. Una reflexión sobre edadismo, diversidad y el valor de la experiencia en el trabajo.
Un curso que me abrió los ojos
Hace un tiempo asistí a un cursillo sobre diversidad y discriminación. Nada especial, uno más de esos que hacemos como parte de la formación continua en la empresa, relacionados con trabajo en equipo y mejora personal.
Yo iba con la idea de escuchar, aprender y quizá aportar alguna experiencia desde mi posición de ingeniero. Pero lo que no esperaba era que, en mitad de la sesión, me diera de bruces con una realidad que hasta entonces me había pasado desapercibida: yo mismo ya era parte del colectivo discriminado.
La etiqueta inesperada: “dinosaurios”
Sí, lo descubrí en directo, sin anestesia. En un ejercicio, alguien usó la palabra que lo dejó todo claro: “los dinosaurios”.
Y entonces lo entendí: no hablaban de fósiles de museo, hablaban de nosotros, los que llevamos años en la profesión, los que ya no entramos en la categoría de “jóvenes promesas”, sino en la de “los de siempre”.
Hasta ese momento, nunca me había visto así. Yo me consideraba simplemente un profesional con experiencia, con ganas de seguir aprendiendo y aportando. Pero descubrí que, a ojos de algunos, la edad no es un valor, sino una etiqueta. Y esa etiqueta pesa.
Diversidad también es edad
No lo digo desde la amargura, sino desde la toma de conciencia. Porque también es cierto que ese día entendí que formar parte de la diversidad no es solo cuestión de género, raza u orientación. La edad también te coloca en un lado u otro de la balanza.
El edadismo, aunque a menudo se disfraza de humor (“dinosaurios”, “carrozas”, "veteranos", "boomers"), es una forma de discriminación silenciosa que se cuela en decisiones, comentarios y hasta en dinámicas de equipo.
Ser dinosaurio no es algo malo
Y ojo, ser “dinosaurio” no es necesariamente algo malo. Los dinosaurios dominaron la Tierra durante millones de años. La metáfora, bien mirada, nos recuerda que sobrevivir tanto tiempo significa adaptarse, resistir y dejar huella.
Así que sí, tal vez algunos nos vean como “dinosaurios”. Pero yo prefiero pensar que somos los que llevamos la memoria de lo que funciona y lo que no, los que sabemos que la innovación se construye sobre cimientos firmes, y los que seguimos aquí, aprendiendo cada día, a pesar de las etiquetas.
La verdadera diversidad es sumar
La verdadera diversidad empieza cuando dejamos de usar esas palabras con desprecio y empezamos a reconocer que la experiencia también es un activo.
Porque, al final, no se trata de dividir entre jóvenes y mayores, entre nuevos y veteranos… se trata de sumar.
Y como diría mi abuelo:
“La veteranía es un grado", porque "más sabe el diablo por viejo que por diablo.”
La experiencia no resta, multiplica.

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