La Odisea de la transición energética: cuando el viento deja de soplar

La transición energética necesita renovables, pero también almacenamiento, redes, respaldo y control. Una lectura ingenieril de La Odisea.

La Odisea de la transición energética

Hola, amigos.

¿Recordáis La Odisea? Cuando el viento dejaba de soplar, la tripulación recogía las velas y recurría a los remos. El barco no desaparecía ni el viaje terminaba, pero avanzar exigía otro esfuerzo, otra tecnología y otra forma de organización.

Con el sistema eléctrico ocurre algo parecido. Cuando baja el viento, cae la producción eólica. Cuando llega la noche, la fotovoltaica deja de generar. La Luna mueve las mareas, pero solo produce electricidad allí donde existen instalaciones mareomotrices viables.

El problema no es el viento ni el sol. El problema es navegar sin haber previsto los remos.

Las renovables son las velas, no todo el barco

La eólica y la solar son tecnologías útiles, competitivas y necesarias. Pero no son gestionables en el mismo sentido que una central capaz de aumentar o reducir potencia cuando el operador lo solicita.

Un sistema eléctrico no puede limitarse a sumar megavatios instalados. Debe garantizar potencia disponible, energía, control de tensión, frecuencia, reservas y capacidad de recuperación después de una perturbación.

Instalar más velas puede permitir navegar más rápido cuando las condiciones acompañan. Pero no sustituye al timón, al casco, a la tripulación ni a los remos.

La planificación debe evaluar el conjunto, no una sola tecnología.

Los remos del sistema eléctrico

En esta metáfora, los remos son los recursos que mantienen el avance cuando falta el recurso principal: almacenamiento, bombeo, generación gestionable, interconexiones, respuesta de la demanda y reservas operativas.

Cada solución responde a una necesidad distinta. Una batería puede reaccionar en milisegundos, pero su energía es limitada. Un ciclo combinado puede sostener la producción durante horas, aunque consume combustible. El bombeo permite almacenar grandes cantidades de energía, pero necesita emplazamientos adecuados. La gestión de la demanda puede reducir el consumo, pero requiere contratos, automatización y participación del usuario.

No existe un remo universal. La ingeniería consiste en combinar recursos según su duración, coste, ubicación y función.

Escila: confundir potencia instalada con suministro garantizado

Escila representa el riesgo de confiar demasiado en la capacidad instalada.

Tener muchos megavatios solares no garantiza cubrir la demanda nocturna. Tener mucha potencia eólica tampoco asegura producción durante una situación prolongada de calma. No basta con afirmar que siempre soplará viento en otra región: las interconexiones tienen límites y las redes interiores pueden congestionarse.

La energía producida durante todo el año puede ser suficiente y, aun así, faltar potencia durante una hora crítica. Esa diferencia es fundamental.

Un sistema fiable no se diseña únicamente con valores medios. Debe responder durante las horas difíciles, las averías y las combinaciones de condiciones poco favorables.

Caribdis: sobredimensionar sin criterio técnico

Caribdis representa el riesgo contrario: construir generación, redes y respaldo sin analizar cuándo, dónde y para qué se necesitan.

La solución no consiste en duplicar todas las infraestructuras por miedo a una posible escasez. Eso encarecería el sistema y trasladaría costes innecesarios al consumidor.

La planificación debe diferenciar entre problemas de energía, potencia, congestión, estabilidad y calidad de suministro. Cada problema requiere una respuesta distinta.

En algunos casos será necesaria una nueva línea. En otros resultará más eficiente instalar almacenamiento, reforzar una subestación, modificar consignas, flexibilizar la demanda o mejorar la coordinación entre transporte y distribución.

La buena ingeniería evita tanto la insuficiencia como el exceso.

Ulises: El timón es la operación del sistema

Un barco con velas y remos también puede naufragar si nadie coordina la maniobra.

En el sistema eléctrico, el timón es la operación: previsiones meteorológicas, despacho de generación, reservas, control de tensión, protecciones, telemedida y coordinación entre operadores, distribuidores y generadores.

La transición energética no depende solamente de la tecnología instalada. También exige procedimientos adecuados, datos en tiempo real, automatización y responsabilidades claramente definidas.

Cuando las condiciones cambian rápidamente, la velocidad de respuesta importa tanto como la cantidad de recursos disponibles.

No basta con tener medios. Deben estar conectados, situados donde son necesarios y preparados para actuar a tiempo.

La enseñanza ingenieril de La Odisea

Ulises no sobrevivió porque pudiera dominar el viento, sino porque adaptaba su estrategia a cada peligro.

Esa es también la lección para la transición energética. No podemos ordenar al viento que sople ni conseguir que el sol aparezca durante la noche. Sí podemos diseñar un sistema capaz de responder cuando esos recursos no están disponibles.

La transición no fracasa por depender de recursos naturales. Fracasa cuando se confía en ellos sin preparar alternativas técnicas, redes suficientes y reglas de operación coherentes.

no se trata de esperar siempre buen tiempo, sino de llevar remos.

La pregunta no es solo cuánta potencia renovable podemos instalar, sino qué sistema necesitamos para seguir navegando cuando aparezcan Escila y Caribdis.

Toni Carmona

Ingeniero Técnico Industrial con amplia experiencia en Distribución Eléctrica, Planificación de Red, Smart Grids y Gestión de Proyectos. Escribo sobre energía, ingeniería, liderazgo y divulgación técnica desde la experiencia profesional.

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