🛠Lecciones de SÃsifo aplicadas a la ingenierÃa

En ingenierÃa hay problemas que se resuelven y otros con los que hay que aprender a convivir.
Podemos mejorar un proceso, cambiar una máquina, automatizar una tarea o eliminar un procedimiento que ha dejado de tener sentido. Pero existen obligaciones que no podemos evitar: normativas, documentación, controles de calidad, auditorÃas, revisiones periódicas o trámites administrativos.
Son nuestras piedras.
A veces podremos hacerlas desaparecer. Otras seguirán allÃ, y entonces la cuestión será encontrar la manera de moverlas con el menor esfuerzo posible, sin permitir que consuman más tiempo y recursos de los necesarios.
Esta situación me recuerda al mito de SÃsifo.
SÃsifo y su piedra
SÃsifo, rey de Corinto, era conocido por su astucia y por su habilidad para engañar. Según la mitologÃa griega, llegó a burlar a los dioses en varias ocasiones y acabó recibiendo un castigo singular.
Fue condenado a empujar una enorme roca por la ladera de una montaña. Cuando estaba a punto de alcanzar la cima, la piedra volvÃa a caer hasta el fondo y debÃa comenzar de nuevo.
Su condena no consistÃa solamente en realizar un trabajo agotador, sino en saber que todo el esfuerzo terminarÃa siempre en el mismo punto. No podÃa modificar el proceso ni aprovechar lo aprendido para obtener un resultado diferente.
Ahà es donde el mito empieza a resultar interesante para un ingeniero, porque también nosotros encontramos tareas que parecen repetirse indefinidamente.
La diferencia fundamental es que SÃsifo no podÃa cambiar nada.
Nosotros, muchas veces, sÃ.
Antes de empujar, conviene preguntar
Cuando una tarea se repite una y otra vez, lo primero deberÃa ser averiguar por qué.
Si unos planos necesitan cinco revisiones antes de ser aprobados, quizá el problema no esté en quien los prepara, sino en el sistema de revisión. Si todas las semanas alguien dedica horas a recopilar manualmente los mismos datos, probablemente convenga estudiar una automatización.
Y si una incidencia reaparece periódicamente, limitarse a corregir sus consecuencias garantiza que volveremos a encontrarnos con ella.
En estos casos, la piedra puede modificarse o incluso desaparecer.
La mejora continua consiste precisamente en observar el proceso y buscar dónde se pierde esfuerzo. Lean, Kaizen o Six Sigma proporcionan métodos para hacerlo, aunque muchas mejoras comienzan con una pregunta bastante sencilla:
¿Por qué seguimos haciendo esto de esta manera?
Las piedras que no podemos quitar
No todo puede eliminarse.
Una normativa puede exigir determinados controles. Un contrato puede obligarnos a preparar cierta documentación. Una instalación necesitará inspecciones periódicas durante toda su vida útil.
En estos casos, la tarea seguirá existiendo y quizá resulte inútil dedicar demasiada energÃa a combatirla. Lo que sà podemos hacer es estudiar cómo realizarla mejor.
Si la piedra tiene que subir, podemos preguntarnos si es posible reducir su peso, preparar mejor el camino o evitar que vuelva a caer por errores que podrÃan haberse detectado antes.
Planificar con tiempo, disponer de procedimientos claros, utilizar herramientas adecuadas y repartir correctamente la carga de trabajo puede hacer mucho más llevadera una obligación inevitable.
No siempre podemos quitar la piedra del camino, pero casi siempre podemos revisar cómo la estamos empujando.
Cuando la repetición desgasta
Las tareas repetitivas también afectan a las personas.
El desgaste aumenta cuando quienes realizan un trabajo no comprenden su utilidad. Una revisión, una comprobación o un trámite pueden parecer innecesarios cuando se ejecutan mecánicamente y nadie explica qué problema pretenden evitar.
Conocer su finalidad no hace desaparecer la tarea, pero ayuda a situarla dentro del conjunto del proyecto.
También conviene observar cómo se reparte este tipo de trabajo. Si las tareas más rutinarias recaen siempre sobre las mismas personas, un problema inicialmente técnico puede acabar afectando a la motivación del equipo.
A veces no podremos eliminar la repetición, pero sà organizarla de una manera más razonable.
Piedras que seguimos empujando por costumbre
Existe todavÃa otra posibilidad: descubrir que llevamos años empujando una piedra que ya nadie nos obliga a mover.
En muchas organizaciones sobreviven procedimientos cuyo origen se ha olvidado. Formularios que nadie consulta, comprobaciones duplicadas, informes que se preparan por costumbre o datos que se recopilan aunque hayan dejado de ser necesarios.
En esos casos, la semejanza con SÃsifo resulta incómoda: el esfuerzo continúa porque nadie ha cuestionado el ciclo.
Por eso, cuando una tarea se repite indefinidamente, conviene distinguir entre la piedra que podemos eliminar, la que podemos hacer más ligera y aquella que realmente tendremos que seguir empujando.
SÃsifo no tenÃa elección.
Nosotros, algunas veces, sÃ.Ã.

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